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¿Qué es la inflación y por qué se debe cuidar el valor del dinero?

La inflación es el aumento de los precios a través del tiempo. Por ejemplo, un kilo de tortillas costaba 4 pesos en el 2000. Actualmente, este producto básico se está acercando a los 20 pesos. Esto después del reciente aumento de insumos como el maíz.

De acuerdo con el Banco de México (Banxico) la inflación es un fenómeno nocivo para la economía cuando se da un incremento «desordenado de los precios de la mayor parte de bienes y servicios que se comercian en sus mercados por un periodo de tiempo prolongado».

Es decir, es un fenómeno en el que los precios de muchos insumos y productos comienzan a hacerse más caros de forma generalizada. Esto empieza a generar distorsiones en la economía que involucra a todas las cadenas productivas.

Afecta a los consumidores ya que los salarios comienzan a ser insuficientes para cubrir el costo de vida. En tanto, las empresas comienzan a detener planes de inversión ya que no tienen certidumbre de las condiciones económicas en el futuro. Además de que tienen problemas para el intercambio comercial, ya que se encarecen los productos importados. Mientras que un gobierno observa que su moneda comienza a devaluarse, lo que impide el pago de su deuda en el extranjero.

¿Pero cómo funciona la inflación?

De acuerdo con el economista de Harvard, Gregory Makiw, para entender a la inflación, hay que entender cómo funciona el dinero. El dinero se entiende como un medio de pago para realizar transacciones. Los economistas suelen explicar, que se necesita un medio de transacción común entre una sociedad para intercambiar productos. De no ser así, tendríamos que depender de un comercio a base de trueque.

Es decir, de acuerdo con los economistas, antes de la invención del dinero, las personas intercambiaban productos. Por ejemplo, los primeros asentamientos humanos en este sistema intercambiaban una piel de animal para adquirir herramientas. Pero esto es sumamente ineficiente, ya que no todas las personas con presas o herramientas, tienen esa necesidad inmediata en todo momento.

Sin embargo, este sistema de trueque en realidad nunca ha sido viable en ningún asentamiento humano. Siempre se ha dependido del concepto del dinero, de acuerdo con el antropólogo, David Graeber, en su libro «Deuda: Los primeros 5,000 años». Según este investigador, las civilizaciones antiguas siempre han dependido de algún objeto de valor común para intercambiar productos. Por lo tanto, desde tiempos antiguos existe el uso del dinero.

Este es el caso de las plantaciones de tabaco cuando el estado de Virginia era una colonia británica. Este producto era aceptado como una unidad de cuenta para el pago de bienes y servicios. Graeber señalá que cada civilización desde la antigüedad ha tenido un tipo de cambio y un producto que funciona como unidad de cuenta para realizar transacciones.

De esta forma, un producto como el tabaco, puede ser un depósito de valor, una unidad de cuenta (en la que se anuncian precios y anotan deuda) y un medio de cambio; las tres básicas características del dinero. Pero al tener esta forma común de intercambio, es ineludible encontrarse con el primer efecto adversos: una crisis inflacionaria.

La primera crisis inflacionaria de la historia

Debido a que el dinero es necesario en un mercado para el intercambio de productos, está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, explica Makiw. Existe una oferta monetaria, que es la cantidad existente de dinero en una economía. Esto se determina las decisiones de un banco central como Banxico o el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Estas instituciones, están encargadas de imprimir el dinero. Regulan cuanto circulante tiene que existir en los bancos, y por lo tanto, entre las personas. Sus decisiones se basan en fijar una tasa de interés. Este es un costo para los bancos para retirar o depositar dinero y poder ofertarlo para financiar a las personas y empresas.

Pensemos que el dinero es un líquido, como el agua potable. El banco central es como una presa que acumula este recursos, y tiene la tarea de bombear esta «liquidez» al sistema bancario, para que repartan este recurso a las personas. Para medir el flujo de esta liquidez, un banco central puede limitar su distribución con un costo expresado en su tasa de interés. Una interés muy bajo, y podría inundar a una ciudad. Un costo muy alto, y nadie podría pagar para obtener el recurso.

Los efectos nocivos de este efecto se observaron por primera vez en Suecia en el siglo XVII con la creación del primer banco central. En 1534, esta nación escandinava se estableció como un estado autónomo, y acuñó su primera moneda, el dáler (de donde proviene la palabra dólar).

Casi un siglo después instauraron el primer banco central para resguardar, distribuir, y prestar dinero, con el fin de hacerlo llegar a la sociedad, según relata el libro Los Alquimistas: Tres Baqueros Centrales y un Mundo en Llamas de Neil Irwin.

En ese entonces, el dáler era acuñado en cobre y eso traía muchos problemas para resguardarlo e intercambiar su peso equivalente por algún producto. Pero el banquero Johan Palmstruch fue uno de los pioneros en innovación financiera, según Irwin. Este financiero distribuyó notas equivalentes al valor del cobre que se resguardaban en las bóvedas.

El problema es que comenzó a imprimir este «papel moneda» en mayor proporción a lo que tenían guardado en su reserva de cobre. La oferta monetaria, es decir, el dinero circulante entre la sociedad, era mayor al verdadero valor que realmente se podía sustentar con la producción de cobre. Esto derivó irremediablemente en la primera crisis financiera de la historia. Irwin relata que en esa época, las personas dependían de créditos respaldados en dálers, pero después de un tiempo la crisis sobrevino cuando se dieron cuenta que no estaban sustentados en algo real.

La maldición de la hiperinflación

Al ocurrir este fenómeno, que un banco central imprimá dinero en exceso, comienzan a subir los precios. Cuando la oferta de dinero aumenta, las personas sienten que tienen más dinero en sus bolsillos. Y comienza a aumentar la demanda, mientras que los precios aumentan de forma desordenada, como advierte Banxico.

Esto se debe a que la demanda aumenta, pero existen los mismos productos en el mercado. Es decir, existe el mismo pedazo de pan, pero ahora más personas en el mercado tienen aún más dinero para comprarlo. Y esto es lo que hace que los precios aumenten de precio. Si la oferta de dinero no se mantiene controlada, el dinero comienza a perder su valor, y los productos se encarecen.

Este es un fenómeno que vivió México en los años 80 cuando el Banco de México (Banxico) imprimía dinero y financiaba las deudas del gobierno federal. En una crisis económica, algunos gobiernos tienen la tentación de imprimir circulante, y así subsanar deudas. Pero no toman en cuenta, que al no aumentar la producción, es decir, la oferta de productos, los precios comienzan a subir exponencialmente, algo llamado hiperinflación.

Este es un fenómeno que actualmente aqueja a naciones como Venezuela, en donde el banco central ha perdido autonomía, y no hay una producción real que pueda sustentar al valor de su dinero. Eso aunado a restricciones comerciales, es lo que ha estancado a esa economía en una de las peores crisis de América Latina.

En México, desde 1994, nuestro banco central cuenta con autonomía, para mantener controlada la oferta de papel moneda en la economía, y mantener a la inflación en valores aceptables.

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