La pandemia del coronavirus ha ahuyentado a ciudadanos de todo el mundo del transporte público, que temen suponga un foco de contagio.

Por eso, se han desplazado a otros medios de transporte, como el privado, los sistemas de sharing —motos, bicicletas y coches compartidos, que han experimentado repuntes en sus servicios–.

Pero 5 meses después de que la OMS declarase que el coronavirus se había convertido en una pandemia, no se han registrado contagios reseñables ligados al transporte público en zonas donde la afluencia se ha recuperado.

Esto de acuerdo con un análisis de agencias de transporte llevado a cabo por el New York Times.

Estudios en Europa y Asia no encuentran que en el transporte público esté el origen de ningún brote

La evidencia sugiere que el transporte público puede no ser tan arriesgado como muchos ciudadanos piensan.

En París, un estudio llevado a cabo por las autoridades de salud pública ha encontrado que ninguno de los 386 brotes identificados, entre mayo y mediados de julio, estuvieron ligados al sistema de transporte público de la ciudad.

Otra investigación en Austria que rastreó los brotes no relacionó ninguno con el transporte público, y en Tokio, otro más concluyó lo mismo. En Nueva York tampoco ningún rastreo ha ligado el uso transporte público a ningún brote, según las autoridades locales.

Por lo tanto, el gerente de la operadora de autobuses urbanos de Valladolid, AUVASA (Autobuses Urbanos de Valladolid SA), Álvaro Fernández Heredia, explica:

Para que se produzcan contagios en este medio, es necesario que se unan tres factores: aglomeraciones; que se trate de un espacio cerrado y mal ventilado; además que exista interacción entre las personas.

Todo ello podría suponer que los metros, trenes de cercanías y autobuses no son una fuente significativa de contagios siempre y cuando los pasajeros lleven mascarillas, los vagones o autobuses no se sobrecarguen tanto como antes de la pandemia a determinadas horas y mientras se cuide su desinfección.

Aun así, cautela, puesto que no se han recuperado los niveles de afluencia prepandemia

Aun así, los expertos recuerdan que los estudios llevados a cabo hasta ahora deben tomarse con cautela dado que en muchas ciudades del mundo la afluencia al transporte público está aún muy por debajo de los niveles anteriores a la pandemia.

Así, en Pekín, la afluencia al metro está en 59% frente a los niveles prepandemia; en Tokio, en 63%, en Berlín, están tomando el metro y los autobuses entre 60 y 70% de los usuarios habituales; y en París el metro está en 45% de sus niveles normales.

También apuntan que rastrear los contagios en estos medios de transporte es complicado, ya que las personas difícilmente recuerdan en que vagón iban y a qué hora exacta, y es imposible identificar a quienes iban en el mismo tren para rastrearlos: la calidad de la ventilación varía de unos a otros y el nivel de amenaza depende de cuántos contagiados haya en una determinada ciudad.

Lo que es seguro: usar el metro es más arriesgado que estar al aire libre, pero menos que comer en el interior de un restaurante

En cualquier caso, parece claro que aunque tomar el metro es probablemente más arriesgado que caminar por la calle, también lo es menos que cenar en el interior de un restaurante, como apunta el experto en rastreo de contactos y profesor en la Escuela de Medicina de San Francisco, de la Universidad de California, Michael Reid.

Durante la pandemia en los trenes y autobuses los usuarios no hablan entre ellos, y, si lo hacen, no se quitan mascarilla, no tienden a tocarse ni a abrazarse y están allí un periodo corto de tiempo, de media; por lo que hay menos posibilidades de contagios que en otros ambientes.

Además, según el New York Times, el aire se reemplaza a través de los filtros de los metros de Nueva York al menos 18 veces cada hora, mucho más que la tasa de cambio de aire en restaurantes (de 8 a 12 veces por hora) o en oficinas (de 6 a 8).