El coronavirus ha llegado a todas las regiones del planeta para imponer su crueldad. Sin tiempo sin despedidas, conduce a una muerte de lo más solitaria.  En Palestina, Jihad Al-Suwaiti decidió escalar varias plantas para llegar hasta la ventana del hospital donde se encontraba su madre. La mujer estaba consumiendo sus últimos instantes de vida, pero gracias a esta particular andanza pudo despedirse de su hijo.

Las imágenes evidencian la desgarradora situación que viven las familias de los fallecidos. La soledad del hospital se convierte en la última noción que se tiene del mundo antes de abandonarlo.

Una muerte, a los 73 años, que ha inspirado una mezcolanza de tristeza y ternura entre los conocedores del relato. Muchos son los que se resignan a dejar morir a sus familiares sin despedida alguna, pero Jihad hizo lo imposible para ver a su progenitora una vez más.

No pudo hacer nada para revertir los efectos del virus, pero sí le concedió un hálito de paz. En el instante que compartieron fue una despedida del mundo capaz de dignificar lo agonía.

La muerte, gran tabú del hombre, no pacta con el tiempo. Durante los últimos meses hemos asistido a una feroz pérdida de seres humanos, que aún continúa muy activa en algunos puntos del globo. Solo los sentimientos pueden refutar el guion que nos dicta.